TEXTOS

 

ENTRE LO FRÁGIL Y LO SÓLIDO:

LA TENSIÓN EN LA ESCULTURA DE PACO PALOMINO

 

Recuerdo que sin saber muy bien quien era el autor, el efecto que me causó una escultura hace ya una década. Se llamaba Tacande y ofrecia a la vista tres planchas de desigual y recortado perímetro, solapadas en una linea ligeramente curva. Sus contornos expresionistas revelaban el deseo de incidir gráficamente sobre el hierro, de abrir, de indefinir los vértices y los perfiles de la obra escultórica. Lo que más me impresionó sin embargo fueron los aspectos simbólicos, la posibilidad metafórica que derivaba de una singular penetración del volumen que el artista había realizado al pasar por una tosca oquedad en cada una de las planchas una cadena de hierro. Así cada pieza sugería la posibilidad de ser suspendida o colgada a la vez que expresaba la férrea sujeción del encadenamiento. Pensé, como no, en la máxima de Rousseau, " El hombre nace libre más se encuentra en todas partes encadenado " y sin saberlo me acercaba a una de las constantes significantes del arte de Palomino, su impenitente mensaje humanista, su reflexión sobre la libertad, que ha caracterizado no sólo sus grandes obras monumentales como la gigantesta Estrella instalada en el Campus de Guajara sino grandes escenografías neo-barracos como aquel " Encuentro blanco - experiencia - por la paz ".

Por otra parte, Tacande me hacia pensar en una de las fotografías industriales que más me había fascinado durante mis años de peregrino ignorante al Museo de Ciencias de Londres. Era una imagen del gran ingeniero inglés Kingdom Brunel, con aspecto de bohemio y gastado sombrero de copa, retratado contra uno de sus escenarios naturales, en este caso unas ciclópeas cadenas que pendian en una fábrica y que expresaban la joven arrogancia de toda la revolución industrial que transformó nuestro mundo. Tanto la fotografía, por la presencia un tanto enigmática y no funcional de las enormes cadenas, como la escultura de Palomino, por un aura melancólica que emitía el encadenamiento de sus formas compartían una función: dramatizar los instrumentos del poder, simbolizar el encadenamiento del hombre, sea voluntario como nos indica la pose de Brunel, sea involuntario como revela el mundo en sujeción de Palomino en Tacande.

Palomino, sabiéndolo o no, porque todos somos reproductores de invisibles imágenes que animan la cultura visual, ha escenificado la tensión en su obra escultórica. A veces, como Tacande, o en el simbolista y misterioso Vigía (1988-89 ), Palomino fija y materializa, monumentaliza el volumen para crear una imagen determinante que nos compromete a considerar su presencia. Esta es una táctica ancestral, un poder religioso que los celtas, por ejemplo, concentraron en los dolménes. La escultura es un volumen significante a priori, que nos obliga a detenernos en el paisaje que domina al significarse tan poderosamente. Richard Serra coge una isla entera islandesa, y hace de ella el territorio para simbolizar la pureza de la fuerza vertical en el horizonte con sus monolitos de basalto, en el proyecto Afangar. Similar efecto, similar confrontación radical aunque esta vez se sitúe en los confines de la sala produce el Vigía, simil, en mi interpretación de la vertiginosa ascensión marina de las islas, cuyo ingente volumen principal se halla sumergido, en algunos casos, como lo es El Hierro, surge sin plataforma con una profundida abisal de casi dos kilometros. Estos registros geológicos y religiosos se asocian al volumen radical de esta obra; no obstante, Vigía, como la rocosa y escarpada plataforma que ofrece también me hace recordar toda la iconografía simbolista en torno a La Isla de los Muertos, panteón en medio del océano. elemento simbólico que refuerza los aspectos físicos ya mentados.

Aunque La Estrella de hierro del Campus de Guajara es un astro celestial en fugaz navegación, aunque su estela que actúa como base sugiere la forma veloz del cometa, la estructura significante de la obra es monumental. Evidentemente el escultor ha congelado la imagen del movimiento, de la velocidad sideral en tres toneladas de hierro. Las implicaciones sin embargo son dinámicas, idealistas al referirnos al patrimonio universal de los derechos del hombre, luz que debería presidir nuestro mundo, como una estrella que guía en la oscuridad. Hablamos de una monumentalidad más sutil, aérea, si se quiere, que la presencia monolítica de Tacande o Vigía, y de un esfuerzo de " prestarle alas " a la obra trascendente, una exploración espacial que parte de una sólida base. Esta cualidad de anclaje, de estar inmerso e inmanente en la roca, será la que posibilite la función de lo primitivo-escultural en Palomino y de sus tendencias más estéticas y refinadas.

La escultura que se alza en el cruce de caminos en la aproximación a Guía de Isora nos muestra esta implantación de la línea ligera y aérea que se eleva y se curva en el espacio, que dibuja motivos y hace guiños geométricos naciendo de un plinto triangular de hormigón. Metáfora de cómo el pensamiento se eleva, de cómo todo efluvio mental traza espirales en el aire. Con este asentamiento de lo sutil o lo ligero en lo sólido Palomino emprende otra vía artística bien distinta a la monumentalidad que subyace y significa tantas de sus obras. Parecido equilibrio entre cuerpo que sustenta y visión que se proyecta la he encontrado en otra escultura a gran escala, su Árbol que se plantó en una de las rotondas de la Avenida de Tirajana en el Sur de Gran Canaria. Esta obra me impresionó por la forma, los contenidos, la humildad póvera e informalista que exhibía. No es la estampa de ninguna exhuberancia tropical, no es reflejo de la fertilidad, del árbol como gozosa afirmación de la naturaleza; se irige, al contrario como aquellas palmeras urbanas ennegrecidas, o sus hermanas rurales faltas de agua y alimento, un árbol descarnado que mantine su elevación vertical, maltrecho por una supervivencia que nos condena como raza de espalda al mayor problema: el planeta. Árbol tiene además connotaciones de instalción, algo que quizás resulte extraño de afirmar de buenas a primeras. No posee la unicidad estilísta, la coraza formal del monumento, hay algo en muchas de la esculturas públicas a gran escala de Palomino que transmiten la apertura drámatica de la escultura, una cualidad inherente que nos hace visitar la obra con la intimidad que empleamos al observar un dibujo.

Esta vertiente dibujística, esta formalidad abierta de la escultura pública se evidencia particularmente en la singular rueda "desdoblada" de Palomino sobre plinto cilíndrico La Máquina de la Serenidad, 1992 que se ha asimilado ya al paisaje de Santa Cruz de Tenerife. La fluidez de sus lineas la acercan a la interpretación múltiple, dos arcos de medio punto enlazados en el espacio, una arquitactura aérea y constructivista como la torre de Tatlin, o la posibilidad que yo prefiero, una curiosa puesta en escena de un objet trouvé, una mirada dadá que nos refiere a los juguetes de Oscar Dominguez o a la desmaterialezación del tiempo en los relojes que se derriten en los cuadros de Salvador Dalí, a la practica poética de los objetos encontrados del surrealismo, sin que nada indique un historicismo forzado.

Durante los años 80 y 90 Palomino inicia series como Hemisferios o Colócate donde experimentará con la diversidad espacial, los etilos, la solidez de los volúmenes y los contrastes entre línea expresiva y contención casi clásica. En Hemisferios I y III busca perfiles violentamente aserrados de las planchas, la línea barroca del corte a ambas caras de un plano, y los espcios accidentales que resultan de la confrontación o la colocación paralela de estos tótems individuales. A veces, como en Hemisferios III, la imagen es la de un animal, una gacela que salta, o una nota musical, de una envolvente y aguda ritmicidad espacial,. En otras, el barroquismo conduce a animales como el Gato Serpiente, la creación de un bestiario imaginario en el más sólido de los medios, el hierro.

En 1993 el escultor parece abandonar ciertos determinismos escultóricos para crear un grupo de esculturas visuales, imágenes que parecen iconos de vanguardias cantemporáneas traducidos a clave espacial. Así su Tarah (1993), se podría interpretar en términos de una deconstrucción típicamente cubista, donde posteriormente van a incidir distintas líneas o voluntades figurativas.

Dos planchas semi-ovaladas se incurvan y giran para crear un hueco interior, un punto de tensión y fuga; de la sólida interrelación de estos dos elementos emerge como un finisimo tallo, una lines vital que crece y se diversifica. Estamos de nuevo ante la simultaniedad de dos tradiciones, el dibujo y el volumen, la línea y la masa. Tarah sugiere asimismo la deconstrución de la lira helénica, y de alguna manera, Palomino desea atrapar el sonido, ensayar la vibración sonora. Una de sus esculturas homenaje al pueblo saharaui es precisamente un rudimentario violín, un cuerpo sonoro con espigado trastero y unas líneas sueltas adheridas, sugerente presencia de la música petrificada, del hierro dinamizado en función de lo vibrátil, dato que nos refiere a las perdidas ambiciones del orfismo, aquel intento de trasladar al plano estático, de dotar a la forma de una armonía aristotélica, de encontrar equivalentes visuales a la escala musical.

Como colofón a la estética de la línea aérea que desmaterializa y hace liviana la solidez que rige una parte de la escultura de Palomino, me gustaría acabar haciendo referencia a la energía espiral que Palomino también ha sabido captar y curiosamente no con la dura y radical solidez de los primeros y viriles Vientos de Martín Chirino, sino como presencia etérea que se manifiesta, a semejanza de un humo azul empujado por el viento, aislado de su origen. La espiral de Palomino simboliza toda la fuerza ascendente espiritualizada de su escultura menos monumental, desde la figura helicoidal de su rueda desdoblada, a las líneas musicales que nacen de sus instrumentos abstractos y lo sitúa en una de la contemporaneas tradiciones europeas que desde la famosa Spiral Jetty en el lago salado de Utah hasta las formaciones efímeras de piedras en el paisaje de Richard Long siguen proyectando los símbolos trascendetales del conocimiento.

Jonathan Allen

 

 

 

 

REFLEXIONES SOBRE LA MÁQUINA DE LA SERENIDAD

 

...Nómadas de lo insaciable o esclavos estáticos en la rueda inexorable del tiempo... Y el gran dios, el dios tiempo, transcurre en el devenir de la historia...

paco palomino

 

En torno a esta experiencia vital nace la Máquina de la Serenidad. La inexorabilidad del tiempo, el devenir, la evanescencia, la inestabilidad, se conjugan para dar paso a una propuesta individual, aotorreferencial, donde Palomino despliega su universo creativo. En esta obra, la discontinuidad espacial, yuxtaposición volumétrica y conjución material conforman una estructura que emerge en unas coordenadas espaciales que la dotan de multiplicidad focal. Cada espacio es fragmentado, cada resquicio posee una lectura simbólica, enigmática y oculta. Metáforas individuales, diseccionadas, desarrolladas en el espacio, constituyen un todo, una forma unitaria, envuelta en la intemporabilidad; la máquina es el gran desafío al tiempo. Formas envolventes, laberínticas e impenetrables acogen en su seno una estructura serpenteante que emerge de la oscuridad y es arrojada hacia la luz. Dualidad hemisferial confrontada que nos remite a un orden poético. Nada está dispuesto por casualidad, no existe la arbitrariedad, revelando una dialéctica visual donde la continuidad es quebrantada y el movimiento se detiene. La máquina habla a su tiempo, establece una relación de diálogo con el espectador que la observa. Tintes rojos la han cargado de vida, pertenece a todos los espacios y tiempos. La luz incide sobre ella y hace que se vea envuelta en ardiente fuego contenido; la oscuridad la sume en la penumbra y la desvanece. Vector que apunta al infinito, paradigma de la modernidad y del hombre contemporáneo, de la revolución técnica que invadío la era del diseño industrial. Paco Palomino ha sabido plasmar a través de su concepción apolínea la serenidad, remitiéndonos a su concepto de la vida; y bajo su estética la máquina es envuelta en una poesía serena, cargada de ritmos musicales.

 

LUZ MARÍA NIEVES

 

 

LA ESCULTURA VITALISTA DE PACO PALOMINO

 

La escultura de PACO PALOMINO está en el comienzo de una trayectoria que le lleva por causes ciertos, originales y de un contenido firmemente actual.

Amante del trabajo de la arcilla su labor se va encaminando hacia posturas escultóricas en que lo esencial es el estudio de los volúmenes, ese juego imponderable que define al creador escultórico de nuestros días.

PALOMINO es un escultor nato. Ya desde sus cerámicas iniciales siempre dotó a sus piezas de una vogorosa fuerza expresiva. Sus obras últimas poseen un sentido exacto y calculado de lo que debe informar al quehacer escultórico moderno. Es un artista que considera indispensable el trabajar la escultura en completa libertad. Libertad en el tema y en los medios técnicos. Actualmente junta zonas de fino pulimento con partes ásperas y de dura conformación, logrando unos agradables resultados sensoriales. Su última etapa se acerca a la emoción vitalista.

Es interesante recordar que, desde 1930, la clarividente indagación de la busca de PICASSO se orientó hacia el estudio de lo mágico. Le interesaba representar en sus figuras ciertas fuerzas vitales de significación social, esa cualidad que emana de cuanto existe, y que el artista está obligado a trasmitir a sus creaciones. De ahí nace el calificativo de vitalismo, que no es otra cosa que el deseo, el empeño del escultor moderno de plasmar lo esencial de su intento plástico.

Dos alternativas tiene el escultor contemporáneo: su lucha por la armonía, representada por HENRY MOORE, y el ideal estético de los constructivistas de NAUM GABO. Entre éstas dos finalidades se debaten las inquitudes de la escultura actual. Existe, no obstante, un tercer nombre entre los precursores de la espiritualidad escultórica de nuestros días: CONSTANTINO BRANCUSI (1876-1957) que llegó a París procedente de Rumanía, en 1904. El mismo año que PICASSO decidió instalarse en la capital de Francia.

Los artistas de las nuevas generaciones consideran que la belleza en el sentido griego posterior o renacentista no es la finalidad de la escultura. Entre belleza de expresión y poder de expresión hay una profunda diferencia en sus funciones. La primera trata de agradar a los sentidos; el segundo tiene una vitalidad que penetra hondo en los sentidos y, también, en la idea formativa. Como una obra no trata de reproducir aspectos naturalez no es, por consiguiente, una versión de la vida, sino que puede ser una penetración en la relidad, una expresión del significado de la vida, un estímulo para un mayor esfuerzo en el vivir.

PACO PALOMINO conoce esta nueva óptica y está inmerso en ella. Es un escultor con la carga experimental de algunos años de ceramista reflexivo. Ha vivido una evolución mediatizada por la razón pensante de unos afanes de libertad. Y no ha tenido, por tanto, el freno de los sometimientos técnicos.

Su arte escultórico se fundamenta en el misterio del contraste, y practica lo razonable de sus razonamientos. Es un artista que no discurre por rutas de oscuridad. Es diáfano y claro en su quehacer, y podemos asegurar que su ruta plástica de hoy es la de un artista actual verdadero, y poseedor de una plasticidad en consonancia con el hacer y sentir de un creador contemporáneo.

 

FELO MONZÓN

 

 

 

 

Texto:

Jonathan Allen

Para el catálogo pacoaJOSÉPRATS

 

Exposiciones celebradas con el mismo título en:

casa museo de humbolt

La Habana - Cuba

13 al 22 de julio 1998

 

Ermita de San Miguel

La Laguna - Islas Canarias

11 sep. - 11 Oct. 1998

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto:

Luz María Nieves

 

 

Para el catálogo pacoaJOSÉPRATS

 

Exposiciones celebradas en:

casa museo de humbolt

La Habana - Cuba

13 al 22 de julio 1998

 

Ermita de San Miguel

La Laguna - Islas Canarias

11 sep. - 11 Oct. 1998

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para el catálogo

NECRONOMICÓN

 

Exposiciones realizadas con el mismo título en:

sala de arte cajacanarias

La Laguna - Islas Canarias

10 feb. - 6 mar. 1989

 

sala de arte cajacanarias

Puerto de la Cruz - Islas Canarias

marzo-abril 1989

 

 

 

 

 

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